logo ucr.png

#UCRPrimeraLP

Unión Cívica Radical 

Sección Primera La Plata

 
Buscar
  • Comité UCR Sección Primera La Plata

11 años sin Raul Alfonsin

Homenaje por el aniversario del Fallecimiento del ex Presidente. Comité Seccion Primera UCR La Plata.

Las necrológicas dieron por cierto que alguien murió. No sé hoy si este es el caso. En rigor de verdad, todo lo que digo ahora lo podría haber dicho antes, como lo podría decir mañana.

Hace mucho tiempo que Raúl Alfonsín es un indispensable, un hombre que, por méritos propios, tenacidad, patriotismo y nobleza personal, tenía y tiene la talla de un estadista.

Pero, sin lugar a dudas, lo que destaca al doctor Alfonsín en el escenario nacional y en el concierto internacional es haber asumido el liderazgo de una de las transiciones democráticas más complejas y difíciles de todas las que hubo que encarar en América Latina en la década del ’80.

Heredó las terribles consecuencias de una violencia política irracional, que desembocó en un régimen de terrorismo de estado, dejando en el camino torturados, desaparecidos y exiliados. La derrota de Malvinas también formó parte de una herencia que, en este caso, aisló una vez más a la Argentina del mundo e hirió profundamente la autoestima de nuestro pueblo. No fue menor la destrucción del tejido social que produjo la dictadura militar.

En el campo de la economía, esa transición democrática tuvo como fuertes condicionamientos la deuda externa y los precios internacionales de nuestros productos primarios, que en ese entonces estaban en el sótano. Por alguna razón se caracterizó a los ‘80 como la década perdida para América Latina.

La lucha de Alfonsín por los derechos humanos comenzó mucho antes de llegar a la Presidencia de la Nación, fue uno de los pocos dirigentes políticos que durante la dictadura militar se opuso a la locura de llevarnos a una guerra por el sólo hecho de tratar de sostenerse en el poder. Y Alfonsín también llevó adelante una ardua labor profesional como abogado de numerosos perseguidos políticos y como cofundador de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, que compartió -entre otros- con figuras de la talla de monseñor Jaime de Nevares y Alfredo Bravo.

Consecuente con esa lucha, las primeras decisiones de Alfonsín fueron ordenar el procesamiento de las juntas militares y de los máximos responsables de la represión; promovió en el Congreso la modificación del Código de Justicia Militar, para someterlos a la Justicia ordinaria; se creó la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas que, presidida por Ernesto Sábato, descorrió el velo de los horrores a los que fuimos condenados todos los argentinos. En síntesis, asentó la democracia que recién nacía en los pilares de la verdad, la justicia y la memoria.

Fue una formidable epopeya que, prácticamente, no tiene antecedentes en el mundo cuando se trata de valorarla dentro de los conceptos del Estado de derecho. Muchos de los países hermanos de América Latina, que fueron víctimas de la misma política, todavía siguen vacilando para dar los primeros pasos de la justicia, la que les está muy lejos de llegar, otros ni siquiera han intentando alcanzarla.

A esa transición democrática encabezada por el doctor Alfonsín no le tocó perseguir a los leones enjaulados en el zoológico, tuvo que correrlos por la selva, porque muchos de ellos todavía estaban al frente de regimientos, de unidades de batalla, de servicios de seguridad. Y como para que no quedara dudas que el combate contra la violencia no tenia privilegiados, Alfonsín y su gobierno promovieron y lograron la extradición y el encarcelamiento de José López Rega, uno de los responsables del germen del terrorismo de estado, en su condición de jefe de la Triple A.

Pero la labor de Alfonsín en materia de derechos humanos no se limitó a condenar la violación sistemática realizada en el pasado sino, fundamentalmente, a asegurarlos para el futuro. Por esto, su gobierno adhirió al Pacto de San José de Costa Rica, modificó el Código Penal equiparando el delito de tortura al de homicidio simple y sancionó la Ley 23.098, de Hábeas Corpus, por la que se establece que ese derecho es aplicable en cualquier caso de denuncia de una acción represiva por parte de cualquier autoridad pública.

Por supuesto, fue un camino arduo, difícil y lleno de obstáculos, por lo que hubo que enfrentar intentos de desestabilización, campañas de acción psicológica, intentos de golpe de estado económicos por parte de los grupos concentrados de la economía. Y hasta atentados golpistas, el más serio fue aquel que todos recordamos como el de “Semana Santa”, cuando la sociedad, con su gobierno democrático a la cabeza y la oposición acompañándolo por primera vez en la historia, frustró exitosamente el intento para derrocar un gobierno popular, movilizándose en las calles y plazas y rodeando, cuando hizo falta, las unidades militares sublevadas. No corrió una gota de sangre y, por eso, Alfonsín pudo decir “la casa está en orden”. Y, efectivamente, hoy la casa, las instituciones están en orden, porque seguimos gozando los beneficios de la democracia.

En materia de política exterior no sólo recuperó el prestigio internacional de nuestro país por haber vuelto a los valores republicanos sino, además, porque el gobierno que encabezó Alfonsín, en concordancia con su política interior siempre orientada a proteger la democracia y la diversidad, promovió la integración de los pueblos latinoamericanos. Se desarmaron rápidamente las hipótesis militaristas de conflicto con países hermanos; así se firmaron el

tratado de paz con Chile y con el ex presidente Sarney, de Brasil, el que dio lugar a lo que hoy conocemos como el MERCOSUR, que tiene como piedra angular de su propia existencia y razón de ser, la denominada “cláusula democrática”; se firmó la adhesión al movimiento de Países No Alineados; y cuando la prepotencia del imperialismo quiso intervenir en Nicaragua, Alfonsin desplegó la protección del llamado Grupo Contadora, para que nunca más una intervención militar de Estados Unidos torciera la decisión autónoma de una nación latinoamericana que, finalmente, desembocó en elecciones libres.

En el esfuerzo por afirmar todos los derechos de los argentinos, ese gobierno de la transición encaró la idea de democratizar la enseñanza pública y, un año después de haber asumido, concretamente en septiembre de 1984, se normalizaron las universidades nacionales, que recuperaron su autonomía, libertad de cátedra y cogobierno, valores esenciales de la Reforma Universitaria.

Fue normalizado el movimiento obrero. Más allá de la violencia moral ejercida por sus líderes con trece paros generales y que a aquel gobierno le hubiese gustado otro método de reclamo, se respetó irrestrictamente lo resuelto por el Parlamento Nacional y los trabajadores recuperaron la totalidad de sus derechos.

La cuestión del género tampoco quedó al margen de esta tarea de construir una democracia más amplia, más participativa y más efectiva, prueba de ello es que durante ese período se sancionó la ley de divorcio vincular y la de patria potestad compartida.

Por supuesto que el gobierno de Alfonsín puede ser discutido y criticado, como cualquier otro gobierno, con relación a la ejecución de muchas de sus medidas, pero creo que nadie puede poner en tela de juicio que tuvo una dirección democrática, popular, humanista y progresista.

En el discurso pronunciado en el Congreso Nacional, al momento de su asunción, dijo: “Hemos entendido que hay fuerzas poderosas que no quieren la democracia en la Argentina. Sabemos que la reivindicación del gobierno del pueblo, de los derechos del pueblo para elegir y controlar el gobierno de acuerdo con los principios de la Constitución plantea una lucha por el poder en la que no podemos ni debemos bajar los brazos, una lucha que vamos a dar y en la que vamos a triunfar. Tenemos una meta: la vida, la justicia, la libertad para todos los que habitan este suelo”. Y agregó: “Tenemos un método: la democracia. Tenemos un combate: vencer a quienes desde adentro o desde afuera quieren impedir esta democracia”.

Y hoy podemos decir que vencimos, ya que con Alfonsín la democracia llegó para quedarse para siempre.

Los que pertenecemos a la generación que nació en democracia hace un tiempo que cumplimos la mayoría de edad, pero todavía nos conmovemos cuando recordamos su voz convocándonos a la lucha “... con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino”.

* Luis Maria Nielsen. Abogado. Docente UNLP. Magister Relaciones Internacionales. Afiliado UCR.

284 vistas
​Últimos Tweets